Un brujo es un practicante de magia o hechicería. Este título se suele dar o adoptar por quienes practican Alta Magia o Magia ceremonial.
Puede ser utilizado por un hombre bruja con preferencia sobre el término bruja o brujo o puede usarse como término general para cualquier usuario de la magia que no se autoidentifique como brujo, aunque algunos reservan este término para los que practican las artes oscuras.
Una mujer puede elegir identificarse con la variante femenina hechicera.
Orígenes de este término
La palabra brujo procede del latín sors que significa "suerte" o "destino, fortuna", posiblemente refiriéndose a la respuesta dada por un oráculo.
La traducción literal de la palabra brujo es algo así como "alguien que influye en el destino" o quizá "adivino" (echador de suertes).
La palabra brujo puede utilizarse como sinónimo de mago, brujo o mago.
El dualismo de las figuras mágicas
En una tumba de la Edad de Bronce se encontró el esqueleto de una hechicera con todas las herramientas del oficio, lo que demuestra que la brujería y la magia han existido siempre. La historiografía posterior también da cuenta de hechiceros que preparaban pociones mágicas como elixires de amor, amuletos y talismanes.
También utilizaban poderes mágicos para curar heridas y enfermedades. También desarrollaron la receta de una bebida para curar la locura, parte de la cual incluía cantar doce misas sobre la poción y luego beberla. Era, por tanto, religiosa.
Desde la antigüedad, siempre se ha sabido que los brujos y las brujas tienen dos aspectos, uno diurno y otro nocturno; uno corresponde al bien, el otro al mal. Por ello, quien practicaba la magia o la brujería inspiraba cierto temor e inquietud.
Las habilidades de los que manejaban la magia iban desde la capacidad de controlar las nubes hasta secar los campos, pasando por provocar el hambre o propagar la peste. Nadie era inmune a sus hechizos, y un mago podía incluso influir en el proceso vital, volviendo impotentes a los humanos y provocando el aborto de rebaños.
Las personas con estos poderes solían ser poco comunicativas y aisladas del mundo, y preferían la noche al día. Se dice que solían acudir a los encuentros con las deidades montados en jabalíes, lobos o bastones. Existen relatos de estos encuentros en todo el folclore europeo.
Por ejemplo, en las tierras del Norte, se dice que la diosa Holda presidía las reuniones de brujería. La diosa tenía en su séquito a las valquirias, mujeres guerreras, almas de niños muertos y diversas figuras diabólicas. En general, Holda era considerada buena, pero sólo si no se la hacía enfadar, pues de lo contrario se convertía en una bruja muy fea y malvada que castigaba a los niños desobedientes, pero también a los campesinos que no cuidaban la tierra.
El objetivo principal del brujo
Además de canalizar energías para manifestar algo que desea, un brujo es alguien que, sobre todo, quiere explorar su interior, su verdadero yo, su potencial y su verdadera naturaleza. Esto hace que la hechicería sea más un camino espiritual que una ensalada de prácticas utilizadas para obtener beneficios personales.




